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miércoles, 4 de julio de 2012

La colaga



 Colaga que une la Ermita con el Cheriz. Muelas de los Caballeros, Zamora


 
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La colaga

En la comarca de la Carballeda zamorana y, concretamente, en el ilustre pueblo de Muelas de los Caballeros, una colaga es una suerte de calle muy estrecha que normalmente se utiliza para el tránsito de personas, aunque algunas admiten el paso de animales que no sean de tamaños pantagruélicos o mesopotámicos y siempre que circulen de uno en uno, es decir, en ordenada fila india. De hecho, el límite lo ponen las vacas y, si son colaguillas, los terneros.   
No obstante, hay colagas de muy distintas anchuras. Algunas tienen dos metros generosos y otras no llegan a uno. Evidentemente, al tratarse de calles subsidiarias, sus noches están faltas de luz, salvando la que, por una gracia del cielo, aporta abiertamente la luna.
La colaga referida en el poema es de las anchas, pero dado que el tráfico regular se encarrila tan sólo por su centro y que las orillas no se limpian ni siquiera para la improbable visita del rey, éstas suelen estar atiborradas de yerbajos y de matas de fácil crecimiento, entre los que destaca ostensiblemente la zarza, o sea el espino.
-Y dime, Mariano, ¿era necesaria esta lujosa profusión de detalles? ¿No bastaba decir que una colaga es simplemente una callejuela?
-Necesaria o no, el caso es que la palabra “colaga” no viene en el diccionario de la RAE y  tampoco en los diccionarios de uso del idioma, como el María Moliner. Y aunque el poema se entiende sin tanta explicación ni tanto rollo bendito, a mí me pone triste que las palabras se pierdan. Y mucho más que, siendo tan hermosas,  tan inocentes y tan puras, algunos señoritos desaprensivos, con evidente abuso de autoridad y sin juicio justo,  las tilden públicamente de perdidas.

No hay perdón de Dios.

La colaga

La niña va por el miedo
de la colaga.
La noche es sombra.
La luna es vaga.
La brisa mueve en los chopos
Un pulpo de ramas largas.

La niña va por sus tiemblos
de rosa y malva.
Los dedos de los espinos
se van cogiendo a su falda.
La ranas croan.
Los grillos cantan.
El pueblo duerme en sus gentes
un sueño hacia la alborada.

Y sola, sola, la niña
que vuelve a casa.

Un qué la asusta.
Un qué la espanta.
Un qué le sube
por la garganta.

Sus ojos, que miran fijos,
se le hacen aguas.
¿Quién es el que anda?
Una luciérnaga acaso,
un gato, alguna alimaña...

Corre que corre, la niña.
La niña corre y resbala.

Nadie la sigue.
Nadie o... la nada.
El corazón le palpita,
le trota el alma.
Huye que huye, al galope,
la niña de los fantasmas.

Llega a la casa.
Su padre espera a la puerta
con una vara.
Él se la enseña.
Ella le abraza.
¡Qué miedo, padre, qué miedo
por la colaga!

Del libro "Tierra conmovida"

Mariano Estrada www.mestrada.net Paisajes Literarios

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